jueves, 21 de febrero de 2013

Oeste


OESTE

Pureza Canelo
Mérida, Pre-Textos /Editora Regional de Extremadura, 2013, 68 págs.

   Nacida en Moraleja en 1946, Pureza Canelo irrumpió en el panorama de la poesía española con Celda verde (premio Adonais de 1970), al que siguieron otros títulos como Lugar común (1971), El barco de agua (1974), Habitable. Primera poética (1979), Tendido verso. Segunda poética (1986), Pasión inédita (1990), Moraleja (1995), No escribir (1999), Dulce nadie (2008), A todo lo no amado (2001) y Cuatro poéticas (2011). Directora Gerente de la Fundación Gerardo Diego desde 1999, Pureza Canelo ha recibido premios como el “Juan Ramón Jiménez” (1980), el “Ciudad de Salamanca” (1998), el “Francisco de Quevedo de la Villa de Madrid” (2009) o el premio “Ciudad de Torrevieja” (2010).
    Ahora, la Editora Regional de Extremadura y la editora valencia Pre-Textos publican en coedición Oeste, un conjunto de veinte poemas en prosa, que se abre con un breve poema (“Mi oeste”) procedente de A todo lo no amado. Las composiciones recogen, sin el lastre ominoso de la nostalgia, imágenes de la niñez, destellos nítidos del pasado, paisajes que al ser recordados en la distancia regresan convertidos en pura poesía (“Adelanto del otoño, manjar de planeta: olor a paja y tierras mojadas. Grandeza de los pastos, hermano horizonte”, Pastos). Reproducimos una de estas estampas que reúne la imagen de la lavandera extendiendo la ropa blanca sobre unos juncos y la de la creadora recogiendo esa misma realidad en un papel en blanco para salvar del olvido, al modo machadiano, un mundo luminoso y afirmativo.

CITA

   En la piedra lavas y extiendes ropa sobre juncos que hacen de sombrilla en el verdinal junto al puente. Mujer de vestido oscuro se afana en lo blanco como la luna hace huecos de luz en el huerto.

   A esa edad de contemplación iniciaba los poemas de mi ignorancia que hoy me desesperan, la lengua niña desconocía el estilete de vivir para llegar a esencia.

   Hoy mujer con papel blanco lo extiende en cualquier punto de su cita con el tiempo. La visión cambia de atalaya, los dedos deformes de escritura se vuelven arroyos, estampa de fidelidad a esa mujer que lavó en mi río maltratando sus manos al sol y al hielo.

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