lunes, 16 de abril de 2018

sábado, 14 de abril de 2018

Todos los sueños del mundo



TODOS LOS SUEÑOS DEL MUNDO
Poemas de Fernando Pessoa y Porfirio Barba-Jacob
Portugal y Colombia, dos poetas, dos naciones

Bogotá, Cátedra de Estudios Portugueses, Embajada de Colombia en Portugal, 2012, 299 págs.
Prólogo, edición y notas de Jerónimo Pizarro
Traducción de Jerónimo Pizarro y Gastão Cruz
Presentación de Germán Santamaría
Colaboración de Paloma Fernández

   Todos los sueños del mundo reúne composiciones de Fernando Pessoa y Porfirio Barba-Jacob en una cuidada edición auspiciada por la Cátedra de Estudios Portugueses y la Embajada de Colombia en Portugal, con un texto introductorio de Germán Santamaría, prólogo y notas finales de Jerónimo Pizarro y numerosas fotografías. Separados por el océano Atlántico, fueron dos poetas cuyos destinos nunca se cruzaron pero que compartieron la incomprensión en sus países respectivos. “El colombiano, de Santa Rosa de Osos, Antioquia, nacido en 1983 y muerto en México en 1942. El portugués nació en 1988 en la zona del Chiado de Lisboa y murió en el hospital de Sao Luis dos Franceses, en el Barrio Alto, en 1935. Fueron absolutamente contemporáneos, de una misma generación, de vidas paralelas, aunque jamás se hubieran conocido. Vivieron en el mismo mundo, pero en las dos mitades de la Tierra. Cada uno constituyó una voz y muchas voces a  la vez. Su destino fue un juego de heterónimos. El colombiano, bautizado Miguel Ángel Osorio, fue Maín Ximénez, Ricardo Arenales y finalmente Porfirio Barba-Jacob. El portugués, además de Fernando Antonio Nogueira Pessoa, fue Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Ambos pulieron versos y ocultaron vicios. Los dos, más que escritores, fueron Toda una Literatura, y ese fue un título que contempló Pessoa para alguna de sus obras” [Presentación, p. 18].
   Reproducimos una composición de cada uno de ellos.

LISBON REVISITED (1923)

NÃO: Não quero nada.
Já disse que não quero nada.

Não me venham com conclusões!
A única conclusão é morrer.

Não me tragam estéticas!
Não me falem em moral!
Tirem-me daqui a metafísica!
Não me apregoem sistemas completos, não me enfileirem conquistas.
Das ciências (das ciências, Deus meu, das ciências!) — 
Das ciências, das artes, da civilização moderna!

Que mal fiz eu aos deuses todos?

Se têm a verdade, guardem-na!

Sou um técnico, mas tenho técnica só dentro da técnica.
Fora disso sou doido, com todo o direito a sê-lo.
Com todo o direito a sê-lo, ouviram?

Não me macem, por amor de Deus!

Queriam-me casado, fútil, quotidiano e tributável?
Queriam-me o contrário disto, o contrário de qualquer coisa?
Se eu fosse outra pessoa, fazia-lhes, a todos, a vontade.
Assim, como sou, tenham paciência!
Vão para o diabo sem mim,
Ou deixem-me ir sozinho para o diabo!
Para que havemos de ir juntos?

Não me peguem no braço!
Não gosto que me peguem no braço. Quero ser sozinho.
Já disse que sou sozinho!
Ah, que maçada quererem que eu seja da companhia!

Ó céu azul — o mesmo da minha infância —
Eterna verdade vazia e perfeita!
Ó macio Tejo ancestral e mudo,
Pequena verdade onde o céu se reflete!
Ó mágoa revisitada, Lisboa de outrora de hoje!
Nada me dais, nada me tirais, nada sois que eu me sinta.

Deixem-me em paz! Não tardo, que eu nunca tardo…
E enquanto tarda o Abismo e o Silêncio quero estar sozinho!


[1923]
[Contemporánea, nº 8, Fevereiro de 1923]


LAMENTACIÓN DE OCTUBRE

Yo no sabía que el azul mañana
es vago espectro del brumoso ayer,
que agitado por soplos de centurias
el corazón anhela arder, arder...
Siento su influjo y su latencia, y cuando
quiere sus luminarias encender,
          pero la vida está llamando
          y ya no es hora de aprender.

Yo no sabía que infantil ternura
da al cielo de la vida un rosicler,
y que bajo el laurel el héroe rudo
algo de niño tiene que tener...
¡Oh, quien pudiera de niñez temblando
a un alba de inocencia renacer...!
          pero la vida está pasando
          y ya no es hora de aprender.

Yo no sabía que la paz profunda
del afecto, los lirios del placer,
la magnolia de luz de la energía,
lleva en su blando seno la mujer...
Mi sien rendida en ese seno blando
un hombre de verdad quisiera ser...
          pero la vida está acabando
          y ya no es hora de aprender.

[1915]

miércoles, 11 de abril de 2018

El color de la granada


EL COLOR DE LA GRANADA

Carla Badillo Coronado
Madrid, Visor, 2016, 116 págs.
Prólogo de Antonio Colinas
XXVIIII Premio Loewe a la Creación Joven

   Carla Badillo Coronado (Quito, 1985) es periodista, traductora, narradora y poeta que ha participado en numerosas actividades y encuentros colectivos y colabora habitualmente en la revista CartóNPiedra con su espacio Vagón 204”. En 2011 resultó ganadora del Premio Nacional de Poesía “César Dávila Andrade” con su poemario, aún inédito, Partituras incompletas (apuntes de música y otras obsesiones)”. Su primer libro de versos publicado es Belongings / Pertenencias aparecido en Los Ángeles (2009) en edición bilingüe. En 2016 logró el XXVIII Premio Loewe a la Creación Joven otorgado por un jurado presidido por Víctor García de la Concha a su libro El color de la granada. En su estructura, el poemario se adosa a la vida del poeta, músico y ashik armenio Sayat Nova (1712-1795) como revelan los distintos bloques del libro: niñez, juventud, estancia en la corte, expulsión, en el monasterio, el sueño y la muerte del poeta (fue ejecutado por los soldados del Sha de Persia Mohammad Kahn Qaja tras negarse a renunciar a sus creencias). Sergei Paradjanov (1924-1989) llevaría al cine su vida en una película de 1968 de la que procede el título del poemario, que le costaría cuatro años de cárcel.
   En el prólogo, Antonio Colinas resalta “de qué manera val alternando en el poema el resplandor de la imagen con la meditación, las imágenes con las escuetas reflexiones. La autora sabe que, en el fondo, ella ‘se debe al silencio’, pero que ‘nunca aprenderá a callar’. Se sabe en posesión del don de la poesía y su silencio no es sino un silencio poblado de palabras: porque de algo está consciente Carla Badillo Coronado: ‘la verdadera luz jamás se describe’”. [Prólogo, p. 8].
   Reproducimos el primer poema de la octava parte, “Transfiguración del poeta”.

CANTO I

Quien ahora escribe sobre esta página
pretende interpretarme
volverme a la vida a través de estos poemas
Pero no soy yo, Sayat Nova, maestro de los cantares
quien dirige sus manos, la cadencia de las palabras
la exactitud del verso.
Alguien me escucha tocar el laúd y se conmueve
Sus dedos, mensajeros entre dos mundos conectados
por la belleza y el horror, benditos sean.
Quien ahora escribe sobre esta página
traduce el canto de mi infinita soledad
y se refugia en ella como un mendigo.
Mi voz, en efecto, proviene de la eternidad
morada donde habitan los verdaderos poetas
criaturas inmoladas por su capacidad de soñar
artesanos del gozo y del dolor
sobrevivientes de un tiempo que jamás fue suyo
ángeles ebrios de placer, santos de nadie
alquimistas / bufones / demiurgos.
Ustedes -dueños de todo lo que no sé nombrar-
benditos sean.


martes, 10 de abril de 2018

Borrando márgenes


BORRANDO MÁRGENES

Efi Cubero
Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2004, 91 págs.
Prólogo de Manuel Simón Viola

   Me encuentro en Facebook el texto, subido por Efi Cubero, que elaboré para la presentación de Borrando márgenes en la Capella de la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona el día 12 de noviembre de 2004. El acto fue presidido por Monserrat Camps Gasset, Decana de la Facultad de Filología, y en él  intervino asimismo Francisco Muñoz Ramírez, por entonces Consejero de Cultura de la Junta de Extremadura. Como al releerlo observo que mi opinión sobre el libro no ha cambiado (y mi admiración por su obra se ha acrecentado con la lectura de posteriores poemarios) rescato aquí el texto que me ha hecho recordar, por lo demás, una gratísima estancia en la ciudad.
  
   Borrando márgenes, un poemario situado, claro está, en una tradición de la que se nutre y a la que aporta su propio valor, es un libro orgánico que puede ser leído sin ninguna apoyatura erudita, pero también permite un contraste, enriquecedor de la lectura, con tres entornos. Estos ámbitos son la tradición lejana que recupera, el panorama poético en que se instala y la trayectoria personal que viene, por ahora, a culminar.
   Diré algo de cada uno de estos tres espacios, y lo haré apoyándome en otras tantas citas. La primera de ellas pertenece a la propia escritora. En el poema de cierre, “Táuride”, se inserta la siguiente reflexión, definitoria, a mi juicio, de su trayectoria hasta el momento: “Erguida en el pretil de la marea / sostienes al latir de tanta historia: / -siempre habrá una verdad propiciatoria, / víctima de la fuerza de una idea-.”
   La obra lírica de Efi Cubero se ha vertido en unos pocos poemarios compuestos sin apresuramientos, en los que, al margen de su perceptible parentesco estilístico, es posible encontrar unas orientaciones temáticas compartidas y un cuidadoso esmero en la organización de la materia poética, y así su primer libro de versos, Fragmentos de exilio (Badajoz, Kylyx, 1992) se ordena en torno a una imagen que articula el contenido del libro (dividido en cuatro bloques: “Deseo”, “Travesía”, “Llegada”, “Círculo” y “Regreso”): el viaje, la partida de una tierra querida y la llegada a un lugar extraño en el que anhelar el regreso.
   A este librito le siguió Altano (Badajoz, DPDB, 1995), que define, en poemas breves de expresión contenida, casi ausentes de anécdota, el propio proceso creador como un aliento (“altano”, palabra de uso poco común, significa “viento que sopla alternativamente de mar a tierra y viceversa”) que pone en comunicación dos ámbitos vitales: el mar (la superficie soñada "cuando solo la tierra era tu enclave, tu savia o tu universo...", pero también la ciudad costera "de palabras / sin haches aspiradas") y las tierras del sur y de la infancia, recobradas en fragmentos, en instantes luminosos de una pasado perdido, que merecerían la consideración de "apuntes al carbón de la memoria". Es, en efecto, el recuerdo, el ejercicio de una memoria consciente de todo un repertorio de desapariciones pero nada nostálgico, el motor de estos poemas, que desde la ecuanimidad del conocimiento adulto contemplan el "sur"  como el territorio de las emociones, de la risa y la pena, del gozo de vivir, de la sensación de libertad, del hontanar, en fin, de la escritura.
   El segundo entorno en el que quiero detenerme es en el de la tradición lejana que recupera. La cita pertenece a Javier Cercas: "Lo esencial es hallar en la literatura de nuestros antepasados un filón que nos exprese plenamente, que sea cifra de nosotros mismos, de nuestros anhelos más íntimos [...] Lo esencial es retomar esa tradición e insertarse en ella; aunque haya que rescatarla del olvido, de la marginación o de las manos estudiosas de polvosos eruditos. Lo esencial es crearse una sólida genealogía. Lo esencial es tener padres" (El móvil).
   En Borrando márgenes Efi Cubero (que ya había recordado a Demócrito para advertirnos de que “nada nace de nada”, y añadir: “El arte no es ajeno al eterno fluir de la cultura, de la historia o del tiempo”) ha encontrado en esa tradición un personaje y una leyenda singulares cuyas lindes precisas vienen indicadas por los epígrafes de la composición de apertura (“Áulide”) y de cierre (“Táuride”). Como relata Esquilo (525 a. d. J), Ifigenia es llevada con engaños a Áulide en donde será sacrificada por su padre Agamenón a Artemisa (o a Poseidón) con el fin de que la armada griega pueda emprender la travesía hacia Troya. Pero el mundo griego pasaría en el transcurso de unos pocos años (45 entre el nacimiento de Esquilo y y el de Eurípides. Para María Zambrano “Una cultura depende la calidad de sus dioses”), de aceptar sacrificios humanos a considerar repugnante que los dioses los exigieran. Eurípides (480, a. d. J., nacido, según la tradición, el mismo día de la batalla de Salamina) dulcificaría la leyenda relatando cómo la diosa sustituye en el último momento la joven por una cierva (o por un oso marino o por una anciana, las versiones de la leyenda son muy numerosas). Ifigenia sería llevada a Táuride (Crimea, un pueblo feroz) convertida en sacerdotisa de la diosa (y esta es la versión de la leyenda preferida por Efi, la que posee un desenlace feliz).
   Incrustada en el cuerpo del poemario, la peripecia aventurera de la joven, víctima de guerreros y tiranos, otorga a la obra además de una impresión de fuerte unidad (de que carecen tantos poemarios), una estructura de discurso lírico que progresa hacia un desenlace, como revelan los epígrafes de los cuatro bloques que lo configuran: Aulis, Las naves, Persistencia del olvido, Tauride. Concebidos así, estos textos apuntan a uno de los propósitos más profundos de la creación literaria: la escritura entendida como reelaboración personal de una tradición dilecta, dadas las similitudes intuidas entre un itinerario personal y una leyenda mitológica, con lo que se logra esa “potencia” en la expresión del “yo” que menciona Villena, pero a la vez la escritura se concibe como una reflexión sobre el propio proceso creador, y como instrumento, en fin, de interpretar el mundo, de afirmar su “fe de vida” y de recuperar lo perdido. (un propósito presente en todos los poemas).
   El tercer entorno es el de la tradición en que la obra se instala. La cita en que quiero apoyarme es de Ricardo Senabre (Capítulos de la historia de la lengua literaria. Cáceres, UEX, 1998): “Tres o cuatro escritores hablaban de poesía en torno a una mesa, mientras el limpiabotas habitual del establecimiento pulía los zapatos de uno de ellos. En el momento de cobrar el servicio y aprovechando un breve silencio de los parroquianos, el limpiabotas apuntó: “Eso de la poesía, señores, no es más que una manera de decir las cosas, ¿no?”. Es exacto: nada más –pero tampoco nada menos- que una manera de decir las cosas, esto es, una forma de lenguaje” [pág. 9]
   En la configuración de una personalidad poética, como se sabe, operan tanto las adhesiones como los rechazos. La obra que comentamos se sitúa, a nuestro juicio, lejos de un intimismo neorromántico sometido al dogma de la transparencia (reacio por ello a “cualidades” como la sencillez, la naturalidad y otras formas de pereza literaria), pero también de un culturalismo concebido como un juego erudito desprovisto de autenticidad emocional. Ahora bien, el libro recoge las mejores aportaciones de ambos: la pasión, cálida y humana, por los entornos personales conocidos (paisajes, emociones, seres queridos...), y el empleo de unos procedimientos “modernos” para expresar esa perspectiva individual sobre la realidad
   Es cierto que no puede haber auténtica poesía sin intimismo, pero también lo es que no todo intimismo ha de ser primario o neorromántico. Existen, afirma Guillermo Carnero, “dos grandes ámbitos de experiencia. El primero lo forman los acontecimientos de la vida cotidiana; son materia poética si afectan a la sensibilidad. Lo son también los que pertenecen a la experiencia de segundo grado o cultural, la que procede de la Literatura, de la Historia o de las Artes. Esas dos experiencias –la cotidiana y la cultural- aparecen natural y espontáneamente entrelazadas en el funcionamiento real del pensamiento y en la generación, exploración y formulación de la emoción – de una persona culta, por supuesto. La experiencia cultural no se superpone a un discurso poético nacido originariamente sin ella, ni responde a un prurito de ennoblecimiento retórico y decorativo; funciona de por sí, empepando la experiencia cotidiana y viciversa” (“Reflexiones egocéntricas. Cuatro formas de culturalismo”, Laurel, Cáceres, 2000, nº 1, págs. 46-47)
   De acuerdo con estas consideraciones, los textos de Borrando márgenes no nacen como un rechazo del intimismo (sin el cual no es posible una auténtica poesía), sino como un modo eficaz de renovar la expresión de la interioridad, además de mostrar su pertenencia a una tradición que puede ser revitalizada, devuelta a la vida: “Al usar una tradición, el escritor la torna presente, y la vuelve inmediatez en su obra, destinada a retornar a la gran tierra nutricia de la tradición total, y a ser usada nuevamente por alguien en el futuro (por ello tradición es cadena), vitalizándola”[1].
   Entendemos, para terminar, que sea cual sea el ámbito en que detengamos de modo preferente nuestra atención, Borrando márgenes se nos aparecerá como una obra madura, en que se tiene la impresión de que todos los propósitos se han logrado, que invita a una espera confiada en nuevas obras, insertas, como la que comentamos, en una nobilísima estirpe literaria, según recomendaba Cercas, pero también, como adivinó el limpiabotas evocado por Ricardo Senabre, dueñas –nada más, pero nada menos- de una manera personal, inconfundible, de decir las cosas.



[1] Villena, L. A. Postnovísimos. Madrid, Visor,.1986. “Prólogo”, pág. 23.

sábado, 7 de abril de 2018

Breve tratado de pintura


BREVE TRATADO DE PINTURA

Nuno Júdice
Medellín (Colombia), Frailejón Ediciones, 2014
Trad. del portugués, Elkin Obregón S.

   Nuno Júdice (Mexilhoera Grande, El Algarbe, Portugal, 1949) es licenciado en Filología Románica, doctor por la Universidad Nueva de Lisboa, profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Lisboa y agregado cultural de la embajada portuguesa en Francia. Como escritor, además de numerosos estudios filológicos, ha cultivado el teatro, la novela y la poesía. En este último campo se dio a conocer en 1972 con su primer libro, Noção do poema, al que siguieron, entre otros, O Mecanismo Romântico da Fragmentação (1975), Nos Braços da Exigua Luz (1976), A Partilha dos Mitos (1982), Lira de Líquen (1986), A Condescendência do Ser (1988), Enumeração de sombras (1989) y Obra Poética, 1972-1985 (1991). Entre los numerosos reconocimientos recibidos por su obra (Premio Pablo Neruda, Pen Club, Associação portuguesa de escritores, Fernando Namora…) destaca el premio Reina Sofía de poesía iberoamericana de 2013 por Navegação de acaso.
   En 2014, la editorial antioqueña Frailejón Ediciones publicó en una cuidadosa edición de ejemplares cosidos a mano con solapas de tela Breve tratado de pintura, un compendio de poemas, la mayor parte de ellos elaborados sobre una referencia visual, que se propone “restituir un sentimiento a cada uno de esos rostros o cuerpos que permanecen en la soledad de las salas de los museos, y liberarlos de su inútil belleza para una nueva convivencia a través de la poesía”.
   Reproducimos una de las composiciones seguida de la traducción de Elkin Obregón.

CASSANDRA

Sonhou ler o destino; e desejou nunca
o ter feito. Deixou de olhar para os homens,
quando adivinhou a sua norte; e desafiou
o céu, quando descobrou que nada existe
para além do azul. Percebo, pela
contracção da sua coxa, que esboça
o desejo de se erguer; mas o braços
caem para trás das costas,
como se não tivesse já para
onde ir. No tanto, o fogo
que arde no altar ilumina-lhe
o rosto, condenando-a a ver
tudo o que acontece: os incêndios
que devastam a terra, um massacre
de mulheres, a inutilidade
das súplicas. E entrega-se a todos
os que passam à sua frente,
pedindo-lhes que apaguem a chama
para que um manto de treva
lhe cubra o corpo.


CASANDRA

Soñó leer el destino; y deseó nunca
haberlo hecho. Dejó de mirar a los hombres,
cuando adivinó su muerte; y desafió
al cielo, cuando descubrió que nada existe
más allá del azul. Percibo, por la
contracción de su muslo, que esboza
el deseo de erguirse; pero los brazos
caen atrás de las espaldas,
como si no tuviera ya
a dónde ir. No obstante, el fuego
que arde en el altar le ilumina
el rostro, condenándola a ver
todo lo que sucede: los incendios
que devastan la tierra, una masacre
de mujeres, la inutilidad
de las súplicas. Y se entrega a todos
los que pasan frente a ella,
pidiéndoles que apaguen la llama
para que un manto de niebla
le cubra el cuerpo.

viernes, 6 de abril de 2018

La policía celeste


LA POLICÍA CELESTE

Ben Clark
Madrid, Visor, 2018, 68 págs.
XXX Premio Loewe de poesía

   Ben Clark (Ibiza, 1984) ha publicado, entre otros, los poemarios Los hijos de los hijos de la ira (XXI Premio de Poesía Hiperión. Hiperión, 2006), Basura (Delirio, 2011), Mantener la cadena de frío (escrito en coautoría con Andrés Catalán. IV Premio de Poesía Joven RNE. Pre-Textos, 2012), La Fiera (Premio El Ojo Crítico de Poesía de RNE 2014. Sloper, 2014) y Los últimos perros de Shackleton (Sloper, 2016). Sus labores de traducción incluyen los Poemas de amor de Anne Sexton, la Poesía completa de Edward Thomas y, junto a Borja Aguiló Obrador, la antología Tengo una cita con la Muerte (poetas muertos en la Gran Guerra). También ha traducido los libros de cuentos Diez de diciembre y Pastoralia, del narrador estadounidense George Saunders
   Este año, el poeta mallorquín Ha logrado el XXX Premio Loewe de poesía con La policía celeste (Visor, 2018) otorgado por un jurado presidido por Víctor García de la Concha y compuesto por la colombiana Piedad Bonnet, Franciso Brines, José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Soledad Puértolas, José Ramón Ripoll y Luis Antonio de Villena). Reproducimos uno de los poemas del libro, marcado como otros por la presencia del padre.


EL HORNO

   Mi padre hizo el taller detrás de la casa.
No había más que campo y dibujó
un rectángulo enorme sobre el suelo
con yeso en polvo.
Luego, con un amigo tatuado,
sacó toda la tierra
y la sustituyó por hormigón.

Un camión trajo el horno y la grúa
lo posó en el rectángulo vacío.
Después hizo el taller.

El horno, mientras tanto, parecía
una nave espacial abandonada
junto al viejo algarrobo.
Los gatos evitaban sus reflejos
cromados y hubo pájaros
que intentaron hacer un nido dentro
sin comprender su error.

Nunca se me ocurrió que llegaría
el día de tener que pensar cómo
íbamos a sacarlo. Aunque eso es fácil:
no se puede. Tendremos que tirarlo
todo abajo y el horno volverá
a parecer la nave de mi padre,
esperando oxidada en el jardín,
lista para volver a su planeta
en cuanto él regrese.

Abril


jueves, 5 de abril de 2018

Nó de sombras


NÓ DE SOMBRAS

María Gómez Lara
Lisboa, Glaciar, 2015, 82 págs.
Trad. de Nuno Júdice
Presentación de Germán Santamaría Barragán
Prólogo de Lauren Mendinueta
XXVII Premio de poesía Loewe para jóvenes creadores

   Nacida en Bogotá en 1989, María Gómez Lara estudió Literatura en la Universidad de los Andes, donde se graduó con una tesis sobre el poeta venezolano Eugenio Montejo, y, en la actualidad, cursa un doctorado en literatura en el Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Harvard. Sus primeros poemas aparecieron en la revista Golpe de dados y en el periódico El Espectador. En 2012 publicó Después del horizonte y dos años más tarde recibió por su  poemario Contorno el XXVII Premio internacional de poesía “Fundación Loewe” para jóvenes creadores otorgado por un jurado presidido por Víctor García de la Concha. Tras aparecer en la editorial Visor en 2014, la Embajada de Colombia en Portugal publica en 2015 de nuevo el libro en traducción de Nuno Júdice bajo el título Nó de sombras en una colección que se propone dar a conocer la literatura colombiana en el extranjero y en la que habían aparecido libros de José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob, José Eustasio Rivera, León de Greiff, Álvaro Mutis o Juan Manuel Roca.
   En el prólogo a la presente edición, Lauren Mendinueta considera: “A poesía de Nó de sombras, como toda a poesía autêntica reúne pensamento e beleza. Está tocada pela graça. Quem leer este libro uma vez lê-lo-á muitas vezes. Esta não é uma poesía que se esgoste em poucas leituras. É certo que a poeta ainda é jovem, mas a sua voz já é uma voz antiga” [p.14].
   Reproducimos la composición que abre el poemario (un lugar “marcado” en cualquier ordenación poética) que habla del propio proceso creador, seguida de la versión en español, en que el poema lleva por título “Astillas”.


PEDAÇOS DE MADEIRA
Os verdaderos poemas são incêndios
Vicente Huidobro

vou esfregando um pedaço contra o outro
e é inútil

não sairá fogo
dos meus restos de madeira

conseguí salvar do naufrágio
um tronco de lenha

oco de tormenta
atravessado por tanta água salgada

parti-o
para inventar dois bocados que se juntam
duas faíscas
que não estavam
o avesso de un vazio um furo

aquí continuo ainda a esfregar os meus pedaços

nada para acender
e fazes-te fumo
nada para apagar
e és cinza

[Astillas. “Voy frotanto una astilla contra otra / y es inútil // no habrá fuego / en mis restos de madera // pude rescatar del naufragio / un trozo de leña // hueco de tormenta / atravesado por tanta agua salada // lo quebré / para inventar dos trizas que se juntan / dos chispas / que no estaban / el revés de un vacío un agujero // aquí sigo todavía estrellando mis astillas // nada que encender / y te haces humo / nada que apagar / y eres ceniza].

viernes, 30 de marzo de 2018

22 héroes cacereños


22 HÉROES CACEREÑOS
KOBBA-DARSA 1924

Miguel Ángel Rodríguez Plaza
Cáceres, I. C. El Brocense, Col. Estudios Locales, 2017, 122 págs.

   Miguel Ángel Rodríguez Plaza (Oliva de Plasencia, 1950) ha sido Comandante de Sanidad Militar con destinos en varias ciudades españolas, pero también en lugares como el Sahara o Bosnia. Paralelamente a sus tareas de ayuda humanitaria ha dedicado su atención a la fotografía, con exposiciones individuales y colectivas, y a la investigación histórica. Sus trabajos en este último campo, de temática militar, pero también arqueológicos y artísticos, han aparecido en revistas como Alcántara, Revista de Estudios Extremeños, Grada y Revista Ayuntamiento de Badajoz.
   22 Héroes cacereños, aparecido en la Institución Cultural El Brocense, relata la heroica defensa de una loma cónica próxima al río Lau, Kobba-Darsa, realizada por el regimiento Serrallo 69, en el que figuraban alistados veintidós jóvenes campesinos cacereños. Cercados por las cabilas cercanas, con constantes amenazas desde las alambradas (“Paisa entregar fusila y trotar Tetuán; al no, cortar cabeza y quemar”), escasos de víveres, sin apenas municiones ni agua, lograron resistir los ataques del enemigo en unas condiciones extremas, hasta que la Legión consiguió liberarlos. El estudio está ilustrado por numerosas fotografías de los protagonistas, tomadas muchas de ellas de la prensa, regional y nacional, que cubrió ampliamente el acontecimiento ocurrido en el verano de 1924, tal vez para contrapesar la tragedia de Sidi Dris, Igueriben, Annual y Monte Arruit, de julio de 1921.
   Reproducimos un fragmento que relata el asedio de los rifeños a la posición.

   “Respecto al día 5 [de julio] leemos un telegrama procedente de Uad Lau, por Ceuta a Tetuán (desde donde operan los aviones) a las 08,37 horas: “Coba Darsa dice si le echan barras de hielo y leche líquida en latas [leche condensada] podrán resistir y ruego a V.E. se lo lleve la aviación”.
   Efectivamente, la aviación lanzó paquetes con socorros sobre la posición, debido a que ya no se contaba con nada, ni elementos de cura para los heridos, a los que personalmente curaban los dos oficiales con elementos improvisados.
   De los paquetes arrojados por la aviación, solo se recogió uno de hielo, otro quedó en la alambrada siendo motivo de enconada lucha por recuperarlo tanto la fuerza de la posición como el enemigo, resultando un soldado más herido (Teodoro Olivares) y dos muertos de los atacantes. El soldado Juan Hoyas quiso salir del recinto pero el teniente Pueyo se lo impidió ‘porque iba a una muerte segura’.
   El jefe de la posición agradece por telegrama el servicio aéreo. Manifiesta que la barra de hielo recogida alivia algo, pero no resuelve la situación que sigue siendo apurada, pues al no haber agua no se come”. [pp. 39-40].