lunes, 11 de diciembre de 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Razones para desconfiar de los vecinos


RAZONES PARA DESCONFIAR DE LOS VECINOS

Luis Noriega
Bogotá, Penguin Random House, 2017, 304 págs.
III Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez

   Nacido en Cali en 1972, Luis Noriega es autor de tres novelas: Imez (1999, premio UPC de Ciencia Ficción), Donde mueren los payasos (2013) y Mediocristán es un país tranquilo (2014, finalista del Premio Nacional de Novela de Colombia). Razones para desconfiar de los vecinos, una compilación de relatos aparecida en 2015, consiguió el III Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez.
   Razones para desconfiar de los vecinos reúne nueve relatos escritos durante veinte años que muestran, desde un distanciamiento irónico y un marcado sentido del humor, a unos seres de comportamiento errático: un profesor de universidad que se dedica a asesinar taxistas por cobrarle injustamente un recargo por servicio nocturno (“Tríptico del Mata y Paga”), los habitantes de un bloque urden hipótesis delirantes sobre el “extraño” comportamiento de sus vecinos, relato que da título al libro, un español en paro viaja a Colombia en donde, debido a un malentendido, es acogido como un exitoso escritor de libros de autoayuda (“Las doce leyes del éxito”), un escritor fracasado se involucra en una trama criminal (“El problema de Randy”)…
   En “Cómo perder la fe” un joven matrimonio planea un romántico viaje a San Andrés, pero el proyecto del esposo-narrador va degradándose con varias tribulaciones domésticas: la suegra ha decidido sumarse al viaje y llevar con ella a su nieto para que conozca el mar, en el avión ponen el episodio más infame de La guerra de las galaxias y, más tarde, la madre compra al niño el sable láser. Afortunadamente, la espada luminosa desaparece.

   “Me enteré de que se me había concedido un indulto cuando una noche, al regresar a casa, María me recibió armada con una caipiriña para cada uno. En la sala me esperaba una caja envuelta en papel de regalo. El regalo, sin embargo, no era para mí.
         -Qué es?
         -El sable láser de Lucas.
         -¿Le has comprado uno nuevo?
         -No. Lo tenía mamá. Perdóname. Es que estabas tan enajenado con eso que estaba segura de que se lo habías escondido tú.
         -¿Tu mamá? ¿Y por qué lo tenía tu mamá?
         -Pensó que era un vibrador. Mi vibrador. Se lo quitó sin que se diera cuenta para no tener que explicarle por qué no se jugaba con las cosas de mamá.
   La tentación de cobrarme la semana de ostracismo fue irresistible.
         -¿Y lo probó?
   María encajó la pulla con un gruñido y alzó la caipiriña de la paz para que brindáramos. Ambos nos reímos.
         -¿Vamos a decirle que es nuevo? –dije.
         -Bueno, pensé que te gustaría entregárselo y recitarle alguna cosa.
   ¿Alguna cosa como “Usa la fuerza, mi joven padawan”? Ni pensarlo.
   Diez minutos después, viendo a Lucas blandir el vibrador de su abuela por toda la sala, oyendo zumbar el vibrador de mi suegra a cada salto, pensé en las consecuencias que esa escena tendría sobre mi precaria fe en la secta de los benedictinos intergalácticos y la encontré en franca decadencia”. [pp. 162-163].

sábado, 2 de diciembre de 2017

Poemas y pareceres II


POEMAS Y PARECERES II

Juan Muñoz
Badajoz, Diputación Provincial, s. a., 75 págs.

   Nacido en Castuera (Badajoz) Juan Muñoz Sánchez es diplomado en Profesorado de Educación General Básica y Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales y sus pasiones son, además de la docencia, la literatura, la naturaleza y la caza. Ha publicado entre otros La caza de la zorra en la Serena (Villanueva de la Serna, 1996),  Poemas y Pareceres (Edición Punto Didot, 2015), La finca del Marqués (Entreescritores, 2016),   y De la U.C.I. a la U.V.I.: Morir para seguir viviendo (Entreescritores, 2016).
   Como continuación de una entrega anterior, Poemas y pareceres II reúne sesenta y seis composiciones de un perfil similar: textos brevísimos en que la expresión de las emociones puede alternar con la meditación (de ahí el epígrafe, “pareceres”) y con la contemplación del paisaje próximo (de La Serena preferentemente). Reproducimos una de las composiciones más extensas del libro.

         LA TORMENTA

Huele a frescor de tormenta de verano
y mata de hierbabuena,
de rojas rosas y sombra de higuera;
la tormenta inoportuna,
lavó el laurel y toda la huerta;
se llevó un sueño,
no entró por la puerta,
no pidió permiso,
no necesitó respuesta.
No la quiero junto a mí…
mala compañera.

viernes, 1 de diciembre de 2017

La perra


LA PERRA

Pilar Quintana
Bogotá, Penguin Random House, 2017, 108 págs.

   Nacida en Cali (Colombia) en 1972, Pilar Quintana es una narradora cuyos relatos han aparecido en numerosas antologías de Latinoamérica, España, Italia y Estados Unidos, y en un libro aparecido en 2012, Caperucita se come al lobo. Su primera novela fue Cosquillas en la lengua (Planeta, 2003). Le siguieron Coleccionista de polvos raros (2007, VIII Premio de novela La Mar de Letras de 2010) y Conspiración iguana (Norma, 2009). Ahora, la editorial Penguin Random House publica su última novela, La perra, cuya trama, situada en una aldea próxima a Buenaventura, en la costa colombiana del Pacífico, gira en torno a una mujer que no puede ser madre y a una perra de comportamiento errático que tras parir abandona a sus cachorros. En medio de una naturaleza todopoderosa, con tormentas devastadoras, un mar homicida y una selva lóbrega y peligrosa, los personajes se enfrentan a este entorno hostil con armas tan frágiles como las que usan para arrostrar sus pasiones internas.


   “Un día Damaris, ella sola, sin que él la hubiera presionado o le hubiera hecho comentarios desalentadores, entendió que nunca iban a encontrar a la perra. Estaban frente a un hueco enorme en la tierra por donde entraba el mar. La marea estaba alta, las olas se estrellaban furiosas contra las peñas y el chorro de agua que subía los salpicaba. Rogelio estaba diciendo que para cruzarlo tendrían que esperar a que la marea estuviera lo más seca posible, bajar al hueco y subir por la pared de peñas del otro lado, cuidando de no resbalarse, pues las peñas estaban cubiertas de lama. Damaris no lo escuchaba. Había vuelto a lugar y la hora de la muerte de Nicolasito y cerró los ojos, consternada. Ahora Rogelio decía que también podrían abrir un camino con sus machetes para rodear el hueco, pero el problema era que por aquel lado había un montón de palmas espinosas. Damaris abrió los ojos y  lo interrumpió.
         -La perra se murió –dijo.
   Rogelio la miró sin comprender.
         -Esta selva es horrible –explicó ella.
   Había demasiados acantilados como ese, con peñas cubiertas de lama y olas como la que se había llevado al finado Nicolasito, árboles inmensos que las tormentas tumbaban de raíz y los rayos partían por la mitad, derrumbes de tierras, culebras venenosas y culebras que se tragaban venados, chimbilacos que desangraban a los animales, plantas con espinas que podían atravesar un pie y quebradas que se crecían durante los aguaceros y arrasaban con todo lo que encontraban a su paso… Por si fuera poco, ya habían pasado veinte días desde que la perra se había ido, demasiado tiempo.
         -Volvamos a la casa –dijo Damaris, por una vez sin llorar”. [pp. 56-57].

martes, 28 de noviembre de 2017

El estado natural de las cosas


EL ESTADO NATURAL DE LAS COSAS

Alejandro Morellón
Madrid, Ed. Caballo de Troya, 2016, 133 págs.
Premio Gabriel García Márquez de cuento de 2017.

   Nacido en Madrid (1985), Alejandro Morellón es autor de numerosos relatos que han aparecido en revistas como Quimera, Prosa inmortal, Eñe o Energehia. En 2013 publicó un libro de cuentos que logró el premio “Fundación Monleón”, La noche en que caemos, y en 2016 la editorial Caballo de Troya editó El estado natural de las cosas que acaba de obtener el premio hispanoamericano de cuentos “Gabriel García Márquez” convocado por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia, cuyo jurado estuvo presidido  por Alberto Manguel (y han logrado escritores como la venezolana Magela Baudoin o el colombiano Luis Noriega).
   En los siete relatos del libro asistimos a una radical transformación de una realidad a la que estamos habituados, un vuelco que nos introduce en un mundo fantástico, repleto de hallazgos, en que una pareja joven asiste atónita a un insólito “embarazo” que sucede en un testículo del marido, en que los habitantes de un pueblo esperan expectantes y esperanzados la llegada cíclica del huracán o en que unos desdichados aceptan la amputación de su mano izquierda a cambio de unas monedas.
   Reproducimos un fragmento del relato que da título al libro, en el que una desdichada noche un hombre cae bruscamente de la cama golpeándose violentamente contra el techo del dormitorio: será el comienzo del fin de su pequeño mundo.

   “Él acaba de despertar. Tiene el recuerdo del vértigo en mitad de la noche y esa sensación amnésica de después del desmayo. Le duele algo bajo las costillas cuando vuelve a toser, como si se le clavaran en la carne. Abre y cierra una mano y con la lengua se palpa los dientes por ver si le falta alguno. Su cuerpo está tumbado sobre una superficie dura y fría. Gira la cabeza hacia un lado y hacia el otro y se alegra de no haberse partido el cuello. Alguien ha encendido la luz y lo primero que ve es la cama en el otro extremo. No al otro extremo sino arriba, en el firmamento del cuarto, allí donde están también las demás cosas: la lámpara de noche, los cojines, los pantalones doblados encima de la silla, el reloj de pulsera y las gafas sobre el velador, todos los objetos que él ve desde la parte superior, desde un plano cenital que no comprende. Y luego la ve a ella.
         -¿Por qué estás en el techo?
         -Eh… Hola –La voz le nace rota y débil desde la garganta.
         -¿Qué haces ahí? ¿Cómo te has caído?
         -Tranquila, Blanca, no te asustes… No sé qué ha pasado, pero estoy bien… No me he roto nada. Sí, estoy bien”. [pp. 35-36].


domingo, 26 de noviembre de 2017

Manuel Pecellín sobre Periferias


   Manuel Pecellín Lancharro publica en “Trazos”, suplemento del diario HOY [25-11-2017] una amigable y generosa reseña (“Ensayos sobre literatura extremeña”) sobre Periferias. Con su permiso, reproducimos el texto.

Periferias: Letras del Oeste
Ensayos sobre literatura extremeña del siglo XX
Badajoz, Diputación Provincial, 2017, 558 págs.

   Manuel Simón Viola (La Codosera, 1955) es uno de los estudiosos que con más constancia e inteligencia viene analizando durante los últimos lustros la obra de los escritores extremeños. Doctor en Filología Hispánica con una tesis sobre el poeta Manuel Monterrey y profesor de enseñanza media, ha sabido combinar el ejercicio docente con la investigación junto a otras dedicaciones colaterales (talleres literarios, club de animación a la lectura, crítica de libros, blog, presentación de obras, etc.). Fruto de ello son títulos como Medio siglo de Literatura en Extremadura (1994 y 2003), La narración corta en Extremadura. Siglos XIX y XX (2000), Ficciones. La narración corta en Extremadura (2001) o su colaboración en la antología Literatura en Extremadura (1984-2009) (2010). Muy dignas de destacar son también las ediciones, con extensos estudios preliminares, que ha preparado de autores extremeños (Francisco Valdés, López Prudencio, Felipe Trigo, Reyes Huertas, Santiago Castelo o el “asimilado” Félix Urabayen). Y muchos hemos seguido con atención los artículos que Viola ha venido sacando en la Revista de Estudios Extremeños, Alborayque, Boletín de la Real Academia de Extremadura y otras publicaciones periódicas (algunas prácticamente inasequibles para un lector medio, tal la colombiana Hipisipila o la vasca Zurgai), sin omitir su participación en las actas de simposios, jornadas y encuentros de literatura. Cuánto se añoran sus críticas publicadas en “Notas al margen”, que cada semana publicase el periódico HOY, ahora solo parcialmente expuestas en el blog propio.
   Buena parte de esos trabajos dispersos, difíciles de localizar a menudo, quedan ahora recogidos en este volumen de 558 páginas, que prologa José Luis Bernal, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UEX y miembro de la Real Academia de Extremadura. Estamos ante un conjunto de 20 ensayos, aparecidos entre 1991 y 2017, que constituyen una extraordinaria aportación para el conocimiento de las letras extremeñas. “Simón Viola ha sabido aunar su docencia a jóvenes bachilleres con una investigación exigente destinada también a nutrir sus clases. De ahí ese aroma inconfundible que tienen sus escritos, proveniente en buena medida de esa vocación docente inquebrantable”, proclama el prologuista.
   Así es. Viola cuenta con un sentido pedagógico innato, que lo  induce a pronunciarse con extrema claridad sin perder ni un mínimo de rigor, preocupándose por contextualizar sus explicaciones en los marcos oportunos de forma que los lectores tengan siempre delante referencias aptas para trascender lo local o regional hasta lo nacional e incluso europeo. De ese modo, atendiendo a las generaciones, corrientes o escuelas con las que cabe relacionar cada autor, facilita la comprensión adecuada de quienes en este territorio periférico, al oeste de la Península, limítrofe con Portugal, vienen dedicándose al cultivo de las letras. Quienes hemos tenido la fortuna de conocer a Simón Viola apreciamos sus extraordinarias dotes de sabiduría y capacidad de trabajo, bien patentes en estas páginas. Pero no menos nos admiran sus otras machadianas virtudes (sencillez, austeridad, cordura), y nos sostenemos en que es hombre en el buen sentido de la palabra bueno. Un patrimonio ético cuyas resonancias son también perceptibles en estos ensayos.

Jacobo Cortines en Don Benito





  La semana pasada visitó el Aula Guadiana Jacobo Cortines (Lebrija, Sevilla, 1946) que habló de su obra en el Museo Etnógrafico de Don Benito y en el IES Cuatro Caminos a alumnos de bachiller de ese centro, del IES Donoso Cortés y del Colegio Claret. Dotado de una extraordinaria formación clásica y moderna, Jacobo Cortines leyó y comentó sus poemas impregnados de la mejor tradición culta, de un lado, y abiertos, de otro, a los graves problemas de nuestro presente.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Lo profundo es la piel


LO PROFUNDO ES LA PIEL
Antología de poesía erótica

Eduardo Moga
Barcelona, Libros de Aldarán, 2017, 100 págs.
Edición, prólogo e ilustraciones de Christian T. Arjona
Epílogo del autor
   
   Licenciado en Derecho y licenciado y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, Eduardo Moga (Barcelona, 1962), es autor, como poeta (ha cultivado también géneros como el ensayo literario, la crítica o el libro de viajes) de los poemarios Ángel mortal (1994), La luz oída («Premio Adonáis», 1996), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999; 2ª edición, 2007), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2002), Las horas y los labios (2003), Soliloquio para dos (2006), Los haikús del tren (2007), Cuerpo sin mí (2007), Seis sextinas soeces (2008), Bajo la piel, los días (2010), El desierto verde (2011; 2ª edición, 2012), Insumisión (premio al mejor poemario del año de la revista Quimera, 2013; Latino Book Award, EE. UU., 2014), Décimas de fiebre (2014) y Dices (2014). Este mismo año aparece una selección de sus textos en Amargord Ediciones, con prólogo de Jordi Doce, El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014). Recientemente, la editorial madrileña Vaso Roto ha publicado Muerte y amapolas en Alexandra Avenue.
   Ahora, la editorial barcelonesa Libros de Aldarán publica Lo profundo es la piel, epígrafe procedente de un verso de Paul Valéry (“Ce qu’il y a de plus profond en l’homme, c’est sa peau”), una antología de poesía erótica al cuidado del poeta y ensayista Christian T. Arjona, que recoge composiciones de sus libros desde Ángel mortal (1994) hasta Décimas de fiebre (2014) más un texto inédito. Componente esencial en toda la trayectoria de Eduardo Moga y eje principal de algunos libros (Unánime fuego, 1999 y 207; La montaña hendida, 2002; Seis sextinas soeces, 2008), este antiquísimo motivo poético es la razón de la presente entrega en que el autor “ha perseguido un solo ritornello temático, el del amor encarnado en los cuerpos, el de la piel encendida: es decir, el deseo y sus intermitencias, sus pulsiones y sus abismos; la desnudez por donde ‘fluye la ninfa de la luz’ ; el latido que se incorpora al tedio y al absurdo y reclama su reino fugaz, su irrenunciable dosis de entusiasmo”. [Prólogo, p. 9].
   “Escribo poesía erótica –afirma el autor en un epílogo titulado “Algunas razones para algo que no necesita razones”- porque quiero trasfundir a la página ese suero de vida, ese acto desesperadamente humano que consiste en mitigar la muerte siendo en otro, siendo otro. En la pasión que desprende unto las palabras con lo que escribo, sin olvidar que, para que la pasión sea plausible en poesía, no debe darse sin naturalidad, ni la excitación sin sosiego; y procurando, al tiempo, que lo cantado no se repita, sino que adquiera un carácter sinfónico, una progresión que atienda a los matices, y hasta a la declinación o la mengua, de los arrebatos y las inervaciones” [pp.- 94-95].
    Reproducimos un poema de La montaña hendida (2002).

QUEDARÁ, ACASO, humo, humo roto:
el de tus aéreos pechos
en mi pecho,
el de mi mortalidad
abonando tu boca.
O quizá cascotes del ser
en el silencio de las sábanas
con que inevitablemente cubro
mi extinción.
Quedará la ruina del fuego,
el fósil del fuego,
lo imposible como una ráfaga quieta que recorre los ojos,
la harina oscura de los besos,
el domicilio incorruptible de la ceniza,
cómo te ha ido hoy
el jefe estaba insoportable y no puedes
ni imaginarte cuánto tráfico había
y desabrocharte la blusa
y el alma
 verte desnuda mientras preparo la cena
y sentir tu desnudez como humus
y morderte como a una manzana,
como a una calcificación del tiempo,
y emborracharme con tu tamaño y tu alegría
y apresarte con los ojos
y verterme en ti
y saberte poseída (tú, leyendo el periódico)
sin haberte tocado todavía
mientras se tuesta el pan
y el crepúsculo.
Quedará, sí, lo no hecho
como un ángel gris
que corre, esclarecido,
hacia su máxima escisión.
 [poema XX]

jueves, 23 de noviembre de 2017

El espejo


EL ESPEJO

Hilario Jiménez Gómez, Marisa de Llanos Pérez y Diego González [Dir]
Badajoz, Asociación de Escritores Extremeños, 2016, 98 págs.
Presentación de Juan Ramón Santos.
Diseño de portada y contraportada de Juan Ricardo Montaña.
  

   Acaba de ver a luz el número nueve de la revista de la Asociación de Escritores Extremeños, una entrega monográfica dedicada a recordar cuál era el panorama literario regional anterior a la fundación de dicha asociación. A este tramo se refieren los ensayos de Fermín Herrero (“A favor de al belleza”), Diego González (“Poesía en braguetas”), y José María Lama (“Un centenar de palabras airadas”), centrado este último en el controvertido II Congreso de escritores extremeños de 1982. Le siguen colaboraciones literarias de Inma Chacón, Efi Cubero, José Manuel Díez, Luciano Feria, Antonio Galán, José García Alonso, José Luis García Martín, Jesús María Gómez y Flores, Carmen Hernández Zurbano, Hilario Jiménez Gómez, Marisa de Llanos Pérez, Mario Lourtau, Carlos Medrano y Yolanda Regidor.
   El número se cierra con notas de lectura sobre obras de Hilario Jiménez Gómez (Luis García Montero), Maribel Tena García (Faustino Lobato), Plácido Ramírez Carrillo (Francisco Collado), José María del Álamo (Antonio Salguero Carvajal), Joaquín Benito de Valle Bermejo (Vicente Rodríguez Lázaro), Antonio Castro Sánchez (Faustino Lobato), José Antonio Santiago (Luis Leal), Juan María Hoyas Santos (Nicanor Gil), Pilar Galán (Enrique García Fuentes), Javier Sánchez García (María Elena Calvo), Diego González (Antonio Reseco), la revista Turia (Álvaro Valverde), Rosa López Casero (Merche Miranda) y Mario Martín Gijón (Enrique García Fuentes).
   Reproducimos un poema de Mario Lourtau dedicado a la memoria de Ángel Campos Pámpano, presidente de la Asociación entre 1993 y 1999.


ELEGÍA POR CAMPOS PÁMPANO

Volvías de Lisboa y la palabra muerte
no entraba entre tus planes.

A lo lejos –mermado en lo más alto-
un sol breve hacía las veces de candela
para esas alas tuyas y ese cuerpo
que no habrían de alcanzar al astro con las manos.

Por mucho corazón ensimismado,
por muchas veces que sintieses su presencia
soplar su negro aliento tras tu nuca,
tú no sabías de nieve ni mortaja.

¿Quién te iba a decir, después de todo,
después de haber sembrado con palabras
la vida y sus rastrojos,
que de tu última semilla entre los hombres
habría de germinar tanta tristeza?

Siquiera este refugio, estos húmedos
versos y esta luz –ahora tan blanca-
donde resbala el tiempo,
me acerquen más a ti, poema adentro,
para no hacerme materia del olvido.

Dejas ríos y calles encaladas.
Dejas aire por el aire de las cosas.
Dejas casa y el agua de tu ausencia.
Dejas sombras y sed para los tuyos.

Yo te hablo a ras de suelo, como hombre,
de todo lo que dejas vida adentro;

los hados no perdonan, tampoco la memoria
de tanta luz baldía, de piel
ya sin caricias;
y si llegas y nos tocas levemente,
-cualquier noche de marzo o en cualquier
fría tarde de esas a deriva-
se siente uno vacío, débil, herido,
hasta el punto de llorar otra derrota.

Y tú sabes bien, amigo, a corazón abierto,
los poetas somos más que vulnerables.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Ciento noventa espejos



CIENTO NOVENTA ESPEJOS

Francisco Javier Irazoki
Madrid, Ediciones Hiperión, 2017, 207 págs.
Prólogo del autor.

   Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue periodista musical en Madrid, en donde colaboró en revistas como Disco Express (bajo la dirección de Erwin Mauch) y El Musiquero (dirigida por José María Iñigo). Formó parte de CLOC, grupo de escritores surrealistas. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.
    Como escritor, sus primeros poemarios editados fueron Árgoma (Estella, 1980) y Cielos segados (Universidad del País Vasco; Leioa, 1992), que incluía los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma (1976-1980), Desiertos para Hades (1982-1988) y La miniatura infinita (1989-1990). Más tarde, Irazoki publicaría Notas del camino (Javier Arbilla Editor; Pamplona, 2002, con fotografías de Antonio Arenal), el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes (Hiperión; Madrid, 2006) y, recientemente, La nota rota (Hiperión; Madrid, 2009), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas, desde el Renacimiento y el Barroco hasta los mejores creadores e intérpretes del jazz. A estos títulos siguieron el libro de versos Retrato de un hilo (2013) y el los poemas en prosa de Orquesta de desaparecidos (2015). En la actualidad, es crítico de poesía en el diario El Mundo.
   Ahora, la editorial Hiperión publica Ciento noventa espejos, que agrupa 95 textos con exactamente el número de palabras del título. En estos “sonetos en prosa” Irazoki muestra con tonos diarísticos y una expresión intensamente poética la multiplicidad de sus intereses: la música (clásica, jazz, flamenco, rock…), las ciudades (Bruselas, Amsterdam, Atenas, Praga, Moscú, Nueva York), la literatura, el cine y en general cualquier manifestación artística, en unos textos lúcidos comunicados con una expresión contenida y pulcra, repleta de hallazgos verbales. Reproducimos dos de estos "espejos", el primero sobre la ciudad de Nueva York, el segundo sobre Ángel Campos Pámpano (1957-2008), poeta, traductor, gestor cultural y fundador de las Aulas Literarias de Extremadura.


      21

   “Paseo por Nueva York. Me reciben el viento, el idioma español y la amabilidad. Yo, que he sobrevivido a un par de comas bucólicos, disfruto con el portento urbano de caminar entre edificios cuya esbeltez permite ver el horizonte. Gracias a los más de cuatro mil rascacielos, experimento la sensación de descubrir una quietud ágil. Como si los arquitectos hubiesen inventado una fórmula para extraer el peso a la verticalidad. Cerca están los otros alicientes. Los europeos deberíamos aparcar nuestra altivez cultural en el exterior de museos como el Moetropolitan y  la Frick Collection. Quizá el envanecimiento se nos deshaga en el museo de Historia Natural, donde cada objeto entra directamente en la memoria del visitante. En la calle, respeto. La limpieza de las avenidas llega a los espíritus: una pequeña iglesia presbiteriana de Manhattan anuncia, con bandera multicolor en la fachada, que los homosexuales son bienvenidos. Luego, las sombras. Tampoco aquí faltan los hombres que hablan solos, las tensiones sociales de los suburbios, la vejez ruidosa del metro. Lo anoto mientras se cruzan la música de jazz y la de casi doscientos idiomas en un Babel construido para comunicarse”. [pp. 55-56].

      35

   “Es inhabitual pero sucede: una persona sintetiza en su comportamiento las mejores calidades de la sociedad y logra unir a los ciudadanos. Gracias a la potencia positiva de un solo ser, los compañeros dicen adiós a la minucia política que los separaba. Sin palabrería, allá donde pasa se hace colectiva la ética del individuo. He constatado que mucho de esto ocurrió con la conducta del poeta Ángel Campos Pámpano. No utilizaba el arte menor para acercarse al público, sino que ofrecía a las capas populares  de su tierra los bienes más refinados de la cultura. Cuando España miraba con desdén a Portugal, él creó revistas para la comunicación literaria de los dos países; tradujo los textos de Fernando Pessoa, Eugénio de Andrade, Sophia de Mello, Breyner Andresen. Moderó nuestra altanería. Tampoco se olvida su acierto pedagógico de poner a los principales autores ibéricos en contacto con los alumnos de la enseñanza secundaria. Así hasta su muerte. En mis viajes a Extremadura no he conocido a ningún escritor que pronuncie una frase despectiva al referirse a Ángel Campos Pámpano. He visto una comunidad unida por el nombre de un creador ausente”. [pp. 81-82].