jueves, 22 de febrero de 2018

Omar Pimienta en el Aula Guadiana



   El próximo día 1 de marzo visitará Don Benito Omar Pimienta en el curso de las actividades del Aula Guadiana. El escritor mexicano intervendrá en un acto abierto al público en el Museo Etnográfico a las 19,30 de la tarde. Al día siguiente, en el salón de actos del IES Donoso Cortés hablará de su obra a alumnos de bachiller de este centro, del IES Cuatro Caminos y del Colegio Claret.
   Omar Pimienta. Tijuana, B.C., México (1978). Escritor y artista interdisciplinario que vive y trabaja en la frontera de Tijuana/San Diego. Su práctica artística aborda cuestionamientos de identidad, trans-nacionalidad, poéticas de emergencia, espacio y memoria. Actualmente estudia su doctorado en Literatura en la Universidad de California en San Diego, recibió su maestría en Artes Visuales por la misma Universidad en 2010 y su licenciatura en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Estatal de San Diego en  2006. Ha presentado su trabajo en México, Colombia, Chile, Estados Unidos, Dinamarca, Alemania, Polonia, España y Marruecos. Ha publicado cuatro libros de poesía: Primera Persona Ella, La Libertad: Ciudad de Paso, Escribo desde aquí (ganador del X premio Emilio Prados del Centro Cultural Generación del 27 Málaga España, 2009) y su más reciente libro El álbum de las rejas. Su experiencia en la negociación de fronteras, en quedar perpetuamente atrapados en/entre códigos sociales y formales, es un impulso constante para su práctica interdisciplinaria.

viernes, 16 de febrero de 2018

Ordesa


ORDESA

Manuel Vilas
Madrid, Alfaguara, 2018, 387 págs.

   Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es un poeta cuyos libros han sido distinguidos con premios tan reconocidos como el XV “Jaime Gil de Biedma”, el VI “Fray Luis de León o el XVII premio internacional de poesía “Generación del 27” (su Poesía completa vio la luz en 2016 en Visor). Como narrador, ha publicado dos libros de relatos (Zeta, 2014, y Setecientos millones de rinocerontes, 2015) y cuatro novelas: España (Punto de lectura, 2012), Aire nuestro (Alfaguara, 2009), Los inmortales (Alfaguara, 2012), y El luminoso regalo (Alfaguara, 2013).
   Ahora, la editorial Alfaguara publica Ordesa, una novela que se propone reconstruir mediante el ejercicio de la memoria la vida de una familia de clase media en una España que trata de salir del atraso y la pobreza, pero también es una crónica, lúcida y cruel, de unos destinos humanos abocados a la enfermedad y a la muerte, a las rupturas y a la soledad, escrita por un narrador que con un tono en ocasiones desgarrador y a ratos intensamente poético siente la necesidad de sobreponerse a todo un repertorio de desapariciones dolorosas.
   Reproducimos un fragmento y un poema inserto en un “Epílogo: la familia y  la Historia”.


     15

   “Mi madre veía la mano del diablo en su adversidad cotidiana. Muchas veces decía: “El diablo está en esta casa”, cuando buscaba algo y no lo encontraba. Y concluía gritando: “Imposible que el diablo no esté en esta casa”. Y buscaba algo que tenía delante, pero que no sabía ver. Yo he heredado el mismo principio de demencia. Busco cosas que están delante de mí, como un libro o una carta o un cuchillo o una toalla o unos calcetines o un papel de un banco y no las sé ver. Mi madre estaba convencida de que el demonio le escondía las cosas, que el demonio era el culpable de los pequeños contratiempos. Ella vivía todos esos accidentes domésticos con intensidad de loca. Y yo soy ella ahora, y el demonio no es otra cosa que una degeneración neuronal hereditaria que toca el nervio óptico y se transforma en oleadas de conexiones químicas apagadas o titubeantes, y en ese deterioro eléctrico de la transmisión de la realidad se incuban las bacterias de la psicosis, y la forma orgánica de la voluntad se pudre en una masa de órdenes ajenas al mundo social y me convierto en un museo de sequedad, de silencio, de soledad, de suicidio, de sordera y de sufrimiento.
   Para mi madre y para mí, la vida no tenía o no tiene argumento.
   No está pasando nada” [p. 58].

    Papá

No bebas ya más, papá, por favor.
Tu hígado está muerto y tus ojos aún son azules.
He venido a buscarte. Mamá no lo sabe.
En el bar ya no te fían.
Iban a llamar a la policía,
pero me han avisado a mí antes,
por compasión.

Papá, por favor, reacciona, papá.
Hace meses que no vas a trabajar.
La gente no te quiere, ya no te quiere nadie.
Muérete lejos de nosotros, papá.
Nunca estuvimos orgullosos de ti, papá.
Por favor, muérete muy lejos de nosotros.
Nos lo debes.
Siempre estabas de mal humor.
Casi no te recordamos, pero nos llaman del bar.
Vete lejos, nos lo debes.
Es el único favor que te pido.
[Epílogo, p. 382].


El amor hecho música


Cuadros de amor y humor


miércoles, 14 de febrero de 2018

Encuentro con Félix G. Modroño


Diccionario de símbolos


DICCIONARIO DE SÍMBOLOS

Jesús Aguado
Mérida, Editora Regional, Col. Perspectivas, 2017, 357 págs.
Prólogo del autor

   Nacido en Madrid en 1965, Jesús Aguado es poeta, traductor de poesía hindú y antólogo, cuya trayectoria como creador comienza con Primeros poemas del naufragio aparecido en 1984, fecha a partir de la cual sus libros aparecen periódicamente (Los amores imposibles recibió el premio Hiperión de 1990) hasta los recientes La luna se mueve sola (La isla de Siltolá, 2015), Carta al padre (Vandalia, 2016) y Paseo (Luces de gálibo, 2017)
   Diccionario de símbolos recoge, ordenados alfabéticamente, textos aparecidos en su mayoría en el diario La Opinión de Málaga que ya habían visto la luz en dos obras anteriores, Diccionario de símbolos (Ed. Paréntesis) y Verbos (ZUT Ediciones). Con varias supresiones y textos añadidos, la obra, organizada al modo del conocido Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot, se compone de textos de muy distinto perfil: breves narraciones, poéticas, notas para conferencias o presentaciones, reflexiones ensayísticas, poemas en prosa… para construir “un espacio  donde poner un poco de orden (el alfabético es tan válido como cualquier otro) en el desorden consustancial de la existencia, y un refugio donde descansar del vendaval de los días y las cosas, y una oportunidad para reflexionar con calma sobre lo que es (y lo que uno es)”. [Texto de contraportada].
   Reproducimos una de las entradas, titulada “Nubes”, de este Cirrus Vertebratus de honor por la Asociación Española de Contempladores de Nubes.

NUBES

   “Las nubes dibujan formas en el cielo y uno se ensimisma en ellas. Quién no lo ha hecho alguna vez. Un gato de bigotes de luz, una hoja que baila sobre su eje, la cara de su abuelo, una casa con un  pozo al lado. Las nubes pasan sobre nosotros y, si nos tomamos el tiempo de sentirlas y de seguirlas con la mirada, nuestra cabeza se fuga hacia lo alto. Estamos, entonces, en las nubes y nos hacemos, a poco que renunciemos a esa experiencia mágica, pura nube nosotros mismos. Nos distraemos, nos ponemos a imaginar, nos dejamos llevar por los vientos dominantes, nos incendiamos con los mil y un colores de la paleta y de la sensibilidad. Y también tenemos, desde esa posición elevada y libre, mejor perspectiva sobre los paisajes que somos, un conocimiento más completo de las tierras que habitamos. Las tierras del corazón y la de la mente, las de nuestros sueños y nuestras ideas, las del alma y las del cuerpo. Estar en las nubes es vagar por los cielos interiores confiando en que este viaje, dure lo que dure, nos abra los ojos y nos enseñe a ser lo que somos sin temer cambios, vértigos o tormentas. Estar en las nubes, además, es irse probando formas (el gato, la hoja, la cara, la casa) para disfrutar y aprender de ellas, y para no quedar confinados y rehenes de una sola. Las nubes pasan, nosotros pasamos: somos hermanos en esto y en ese algodonoso, lento y dulce deseo de infinito (visitar todos  los espacios, ser todas las cosas) que se parece tanto a la felicidad”. [pp. 237-238].

lunes, 12 de febrero de 2018

Tres cuentos de Macondo y un discurso



TRES CUENTOS DE MANCONDO Y UN DISCURSO

Gabriel García Márquez
Bogotá, Secretaría de Cultura / Instituto de las Artes Plásticas, Col. Libro al viento, 2015, 75 págs.

   Con ocasión del primer aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez en Ciudad de México en abril de 2014, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de las Artes Plásticas publicaron en la colección “Libros al viento” (con ejemplares distribuidos de modo gratuito en estaciones, parques, hospitales, comedores comunitarios y cárceles), un volumen con texto preliminar de Antonio García Ángel (“Prefiguraciones macondianas”), tres cuentos del escritor (“Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, “La  siesta del martes” y “Los funerales de la Mamá Grande”) y el discurso de aceptación del premio Nobel leído por el escritor en Oslo el 10 de diciembre de 1982.
   “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, en su origen un capítulo de La hojarasca (1955), es el primer texto del escritor en que se menciona Macondo. Apareció en 1952 la revista El Heraldo de Barranquilla bajo el título “El invierno” y, por su contenido, prefigura el diluvio de cuatro años, once meses y dos días que en Cien años de soledad asola el pueblo de los Buendía. “La siesta del martes” y “Los funerales de la Mamá Grande” vieron la luz en el volumen de este último título, y también se relacionan con la novela más conocida del escritor, en el primer caso por  la referencia a la United Fruit Company que ya se ha instalado en Macondo (“el tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e interminables”), el segundo, “con sus resonancias míticas, su profusión narrativa y el tono hiperbólico de los acontecimiento” [Preliminar, p. 10]
   Reproducimos el fragmento inicial del tercer texto, el discurso de aceptación del Nobel, que el poeta tituló “La soledad de América latina”.

   “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
   Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro”.

domingo, 11 de febrero de 2018

Área de descanso


ÁREA DE DESCANSO
Diario de lecturas (2013-2017)

Javier Morales
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col. Perspectivas, 2017, 360 págs.
Prólogo de Rafa Ruiz y Manuel Cuellar
  
   Nacido en Plasencia en 1968, Javier Morales estudió Periodismo y Derecho en Madrid. Profesor de escritura creativa, ha trabajado como periodista en numerosos medios y colabora con las principales publicaciones del país. Hasta el momento, ha publicado tres libros de relatos, La despedida (Editora Regional, 2008), Lisboa (Editora Regional, 2011) y Ocho cuentos y medio (Baile del Sol, 2014). Asimismo es autor de las novelas Pequeñas biografías por encargo (Huerga y Fierro, 2012) y Trabajar cansa (Tenerife, 2016). 
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica Área de Descanso. Diario de lecturas 2013-2017, que recoge artículos aparecidos en la columna  del mismo nombre (Área de Descanso) que mantiene en El Asombrario, revista cultural asociada al diario Público. El resultado es un nutrido conjunto de reseñas de lecturas sobre numerosos autores, con preferencia por los narradores jóvenes, en las “que de alguna forma se cuela siempre la vida y la actualidad más inmediata”. (“Un diario de lecturas”). No faltan referencias a autores de la región (Álvaro Valverde, José Antonio Gabriel y Galán, Alex Chico, Luis Landero, Gonzalo Hidalgo Bayal, Juan Ramón Santos, Julián Rodríguez, Elías Moro…).
   Reproducimos un fragmento dedicado a una de las novelas de Susana Martín Gijón (Sevilla, 1981), Vino y pólvora  (Anantes, 2016).

   “En Vino y pólvora, como se le pide a una buena novela policíaca, la trama está bien amarrada. La autora nos la va desvelando poco a poco, sabe crear  la tensión necesaria para que sigamos leyendo. ¿Quién será el asesino del magnate extremeño? ¿Qué ha pasado con la niña? Pero estas preguntas tan solo son un anzuelo, porque lo que le interesa a Susana Martín Gijón, creo, es otra cosa. Y esa otra cosa es mostrarnos el mundo en que vivimos. La autora posa su mirada en las zonas de sombra de nuestra sociedad, en las personas más vulnerables, en los inmigrantes, las mujeres maltratadas, los niños, y nos alerta de la corrupción, el poder y el servilismo.
   A pesar de la dura realidad que retrata, se trata de una novela optimista, en la que Martín Gijón nos reta a saber más sobre nosotros mismos, sobre el mundo que nos rodea. La solución a la injusticia  pasa por afrontar pequeñas causas, como hace Annika en su trabajo como policía, en el que ha tenido que combatir tabúes y prejuicios, y en el que no falta un jefe que antepone todo con tal de salvar el culo”. [5 de mayo de 2016].


sábado, 10 de febrero de 2018

Su clara luz recibe



SU CLARA LUZ RECIBE
Estudios sobre Juan Meléndez Valdés

Miguel Ángel Lama
Mérida, Editora Regional, Col. Estudio, 2017, 133 págs.

   Profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Extremadura, Miguel Ángel Lama (Zafra, 1962) ha publicado estudios y ediciones sobre autores españoles del siglo XVIII, como Vicente García de la Huerta, Nicolás y Leandro de Moratín o José Cadalso, de quien editó su poesía (Ocios de mi juventud. Ed. Cátedra, col. Letras Hispánicas, 2013). Fundó y dirigió la revista de Filología Laurel y fue durante más de quince años director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Formó parte del consejo de redacción de las publicaciones periódicas fundadas por Ángel Campos, Espacio/Espaço Escrito y Hablar/Falar de Poesia y, en la actualidad, de Suroeste. Revista de Literaturas Ibéricas, dirigida por Antonio Sáez. Es asimismo el director de la revista Cuadernos Dieciochistas, de la Sociedad Española de Estudios del siglo XVIII, que publica Ediciones de la Universidad de Salamanca.
   Es autor del dietario El trabajo gustoso (ERE, 2002) y ha publicado en la misma Editora Regional la edición de Poesías, de Vicente García de la Huerta (1997), la Obra periodística y literaria de Antonio Otero Seco (2008, en colaboración con Francisco Espinosa Maestre) y el volumen dedicado a la poesía de Literatura en Extremadura 1984-2009 (2010).
   Ahora, la Editora Regional de Extremadura publica con ocasión del segundo centenario de la muerte de Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, 1754-1817) Su clara luz recibe del profesor Miguel Ángel Lama, que reúne seis estudios sobre el escritor extremeño: “El poeta, el magistrado”, “Juan Meléndez Valdés. El discurso de apertura de la Real Audiencia de Extremadura”, “Las poesías de Meléndez Valdés. Su ordenación”, “La oda XXXIX de Meléndez Valdés”, “La primera edición expurgada de una letrilla de Juan Meléndez Valdés” y “Meléndez Valdés en José de Espronceda”.
   Profesor de Humanidades de la Universidad de Salamanca, magistrado en diversos destinos, autor de una obra literaria en diversos géneros y mejor poeta español de la centuria, fiscal del Consejo Real, Consejero de Estado, caballero de la Orden Real de España, miembro de la Real Academia de la Lengua… Meléndez Valdés conoce como otros ilustrados el camino del exilio tras el regreso al trono de Fernando VII y la huida de España de José I. Una de las dos Españas acababa de cerrar violentamente una oportunidad histórica  (“Sus puñales vimos, / y España en tal duelo, / cual madre, a otro suelo / nos hizo partir”). Reproducimos el relato del exilio.

   “Tras su paso por varias localidades francesas (Bayona, Dax, la actual Vic-Fézensac, Condom, Toulouse) que sirvieron de primer refugio a los españoles exiliados en los meses siguientes a su salida de España, Meléndez Valdés, con la salud muy quebrantada, recaló en Montpellier en 1814, luego pasó a Nîmes, en donde residirá casi todo el año siguiente, hasta octubre, cuando tuvo que ir al depósito de los refugiados de Aléx, donde solicitó traslado de nuevo a Montpellier a finales de 1815. E los sesenta y tres años, el 24 de mayo de 1817, moría Meléndez de un ataque de apoplejía, tras este desastrado periplo que sirvió de colofón a los últimos años de su vida y que no concluyó del todo con la desaparición del hombre. Sus restos conocieron cinco sepulturas desde la fecha de su muerte hasta 1900: un enterramiento clandestino en la bodega de una casa de campo de Montpellier, una sepultura en la parroquia de Montferrier en febrero de 1819; nuevo traslado en marzo de 1818 al cementerio de Montpellier; y por fin traslado a España en 1866 en donde los restos fueron depositados primero en la iglesia de San Isidro y luego, en 1900, en el cementerio madrileño de San Isidro, junto a los de Leandro Fernández de Moratín y su paisano Juan Donoso Cortés”. [p. 25].

viernes, 9 de febrero de 2018

Cuentos a la carrera



CUENTOS A LA CARRERA
Nueve autores Caldenses
Manizales, Alianza por la Lectura /Fundación Luker, 2015, 64 págs.

   Cuentos a la carrera es una compilación de relatos de nueve escritores caldenses que la Alianza por la Lectura, dependiente de la Corporación Cívica de Caldas, publica en colaboración con la Fundación Lunker para que puedan ser leídos por los usuarios de los taxis de la ciudad (ese es el sentido del título). Con una tirada de 2000 ejemplares, el volumen recoge los siguientes relatos: “Fábula del carbonero”, de Adalberto Agudelo Duque (Manizales, 1943), “El canario de la casa de la esquina”, de Alonso Aristizábal (Pensilvania, 1945), “Lo que la WD nunca dijo del Coyote”, de Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1962), “Epigolatría”, de Antonio María Flórez (Don Benito, 1959), “Arthur Rimbaud visita el Tequendama”, de Eduardo García Aguilar (Manizales, 1953), “El retrato”, de Orlando Mejía Rivera (Bogotá, 1961), “La aparición de la virgen”, de Fabio Vélez Correa (Risaralda, 1947), “Calamidad doméstica”, de Adriana Villegas Botero (Manizales, 1974) y “El cumpleaños de la señorita Etelvina”, de Jorge Eliécer Zapata Bonilla.
   Reproducimos un fragmento del relato de Adalberto Agudelo.

FÁBULA DEL CARBONERO

IV
   “El invierno fue largo. Vientos huracanados, lluvias tormentosas, truenos y relámpagos. El fruto rojo de los cafetos y la pulpa blanca de los guamos se pudrieron sin gusanos en las mismas ramas. Arriba y abajo se caían las colinas a engrosar con tierra, rocas y árboles el caudal de los pequeños riachuelos y de los grandes ríos. De los montes se perdieron los cocuyos, las libélulas, los abejorros. Ni el monte daba leña, ni  la leña fuego, ni la lluvia tregua. En las montañas las casitas blancas se desprendieron del firmamento. Ya no unían el cielo y la tierra los diminutos trazos de humo azul y blanco. Entonces los hombres empezaron a preocuparse. Los inviernos son más largos y más tristes en el campo si no hay fuego en el fuego, ni calor en los camastros, ni pan en los manteles. Cuando escasea la leña hasta los pájaros se van de las fincas. Sin embargo, una mañana temprano, en medio de la lluvia y la tormenta, los niños vieron asombrarse la luz del sol: una banda de afrecheros llegó a posarse en los cafetos, los guamos, los yarumos, los mangos. Qué raro, pensó uno, esos pájaros no son sociables. Después, uno a uno se fueron  muriendo. Y eran tantos, tantos, que lo cubrían todo: hasta los caminos, lisos de lodo y hojarasca podrida, recibieron el cuerpo pequeño y yermo de los pájaros-
   Movidos por el miedo y el asombro los hombres se reunieron. Con los niños, las  mujeres y los ancianos empezaron a recoger los muertos. Hicieron una gran fosa en la raíz de carbonero. Después la cubrieron con hojas húmedas y troncos negros.
   Por la tarde arreció la tormenta. Pero el carbonero, derecho y orgulloso en la ladera, vio encender su corazón de corcho en el fogón de los labriegos.” [pp. 6-7].