jueves, 14 de septiembre de 2017

Sueños eróticos


   En el curso de las actividades de la Fiesta del Libro y de la Cultura de Medellín (Colombia) del presente año, Antonio María Flórez ha presentado su último poemario, Sueños eróticos de una adolescente empedernido, publicado por Playa de Ákaba en 2016, con fotografía de portada de Daniel Mordzinski. En la fotografía, el escritor está acompañado de Bernardo Jaramillo, experto en temas de edición, Octavio Escobar (premio nacional de novela del Ministerio de Cultura de Colombia de 2016) y el ensayista y narrador Juan diego Mejía.

A cara de perro


A CARA DE PERRO


Madrid, Reino de Cordelia, 2017, 86 págs.
XX premio de poesía “Eladio Cabañero”.

   José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950) es autor de más de setenta obras en prosa y verso, premiadas muchas de ellas con galardones significativos (Azorín, Claudio Rodríguez, Juan Ramón Jiménez, José Hierro, Blas de Otero, Ricardo Molina o los extremeños Ciudad de Badajoz, Felipe Trigo o Cáceres de novela corta). Ahora, le Editorial Reino de Cordelia publica A cara de perro, que consiguió el XX premio de poesía “Eladio Cabañero” otorgado un jurado presidido por Raúl Zatón Casero. Ramírez Lozano poetiza en él sobre temas universales (el amor, Dios, la muerte…), pero lo hace cediendo el protagonismo a animales y a objetos cotidianos en unas composiciones marcadas por la originalidad, el humor y los hallazgos verbales.


PISO TOMADO

AQUEL POEMA apenas si es que daba a la calle,
solo a un patio de luz. Y no lo quise.
Yo buscaba otra cosa.

   Había vivido siempre en uno de esos
poemas sin garaje ni ascensor
de los de renta antigua
que daba Bécquer treinta y siete, esquina
Martínez de la Rosa.
Y no estaba dispuesto a soportarlo.

   Hasta que di con este e hipotequé mi vida.
Reconozco que paro poco en él
pero podéis entrar, la puerta está entreabierta.

   Pasad y echadle un ojo. En la terraza
tengo esta planta de onomatopeyas.
Y esta escalera métrica
sin otro pasamanos que la rima.
Y un perro que paladra; ahí lo tenéis.
Y esta silla sentada que pretende
ser silla para siempre y no consiente
levantarse de ser. Y en la cocina
también otra receta de ceros al cociente.

   Un poema distinto sin gritas ni humedades,
del que pagué ya parte de sus letras
–sí, contadlas-
y aún me quedan, al menos, trescientas por pagar.

   Y nada más, amigos. Gracias por la visita.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Los juegos del retorno


Filiación


FILIACIÓN

Eva Yárnoz
Cáceres, Diputación Provincial, I. C. El Brocense, 2016, 103 págs.
XIX premio “Flor de la Jara” de poesía, 2016


   Nacida en Pamplona en 1975, Eva Yárnoz es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, experta en traducción y en corrección profesional. Colaboradora habitual de la revista ConVersos, sus poemas han visto la luz en revistas como Cuadernos del matemático o Nayagua. En 2015 apareció su primer libro Universalia ante rem (Neopàtria, 2015), año en que su poemario Cauces del que teje quedó finalista del premio de poesía “César Simón”. En 2016 consiguió el premio “Flor de la Jara” auspiciado por la I. C. El Brocense con el libro Filiación otorgado por un jurado presidido por Juan Carlos Mestre.
   Del poemario, un conjunto de poemas en prosa, reproducimos una de las composiciones.

desierto

como una ofrenda la zarza arde. consistentemente arde en sí hacia el cielo en ofrenda el humo que se diluye. el humo negro siempre que desaparece. los tallos que se quiebran se quiebran hacia sí, recogidos en su muerte hasta que no mueren. como rayo de sol, como plancton. con lenguaje o sin lenguaje.

Si hubiera espumosas las nubes socorro de la mano. pero la mano se escabulle entre las zarzas que arden en los desiertos. como una ofrenda en lo amarillo. hasta que los espejismos son claros y los oasis ya no existen. hasta que los camellos no ven por su ojo. hasta que llueve. hasta que se traspasan las formas en medio de las dunas arena viva. en medio de los amarillos.

en la disolución busca nombres ridículos para la piedra. corrompe la voz que disgrega. procrea con lenguaje y atraviesa las espadas que apuntan hacia los objetos. espera a que los vientres recojan los líquidos inconexos que dan de beber a los peces. concluye los nombres que apuntan y que dicen. simboliza la pérdida arranca todos los órganos y atraviesa. sobre el nombre disgregado encuentra la piedra única donde se escribe.

sábado, 9 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

La noche en el espejo


LA NOCHE EN EL ESPEJO

Lucía Estrada
Mérida, Editora Regional de Extremadura, Col Letras Americanas, 2017
Premio de Poesía Ciudad de Medellín, 2005

   Nacida en Medellín en 1980, Lucía Estrada formó parte durante cinco años de la organización del Festival Internacional de Poesía de Medellín, pertenece al comité editorial de la revista literaria Alhucema y es coordinadora de Eventos Culturales en la Corporación Otraparte. Sus textos han sido traducidos al inglés, alemán, francés e italiano y difundidos en antologías de Colombia, Costa Rica, España, México, Chile, Perú y Venezuela. Su trayectoria poética arranca con Fuegos nocturnos (1997), libro al que siguieron Noche líquida (2000), Maiastra (2004, premio nacional de poesía “Ciro Mendía”), Las hijas del espino (premio “Ciudad de Medellín, 2005), El ojo de Circe (2006), El círculo de la memoria (2008), La noche en el espejo (2010, premio nacional de poesía “Ciudad de Bogotá” de 2009) y Cuaderno del ángel (2010). En 2014 vio la luz Continuidad del jardín. Antología personal.
   Ahora la Editora Regional de Extremadura publica en su colección “Letras Americanas” La noche en el espejo, del que reproducimos una de las composiciones marcada por la meditación sobre el destino en un instante nocturno y fronterizo.

Ahora que tu cuerpo se dispone a cruzar la frontera más solitaria, dime:
¿A qué grito, a qué palabra te aferras?
¿Qué silencio abres en la semilla que mañana será tu sustento?

Las piedras que guardas en tu memoria
son las ruinas de un altar construido
para que alguien más ofrezca en él su corazón.
Pero ya nadie se detiene bajo los árboles
que se han despojado de su sombra.
Sin amor, el paisaje incierto de otras tierras
te arrebata definitivamente de nosotros.

Queda entonces el vacío donde resuenan mejor nuestros pasos,
oscuro rumor que nos obliga a permanecer despiertos.

¿Quién vigila más allá de ti mismo el movimiento de tu sangre?

Cada noche te prepara un abismo
en el que te dejas caer sin espanto
pues en ti llevas tu lámpara,
esa que también te ha descubierto la intemperie
y el esquivo secreto de tu nombre.

Un canto de sirenas te guía en el blanco laberinto de la rosa.

 ¿En qué antiguo reino se apoya tu mirada?

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El diablo salió de la niebla


EL DIABLO SALIÓ DE LA NIEBLA

Beatriz Olivenza
Cáceres, Diputación Provincial, I. C. El Brocense, 2016, 107 págs.
XLI Premio Cáceres de Novela Corta

   Nacida en Madrid, Beatriz Olivenza es profesora de Lengua y Literatura que alterna su profesión docente con la creación literaria, con libros de relatos (Los muertos, los vivos, finalista del premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en 2011) con la novela, género al que pertenecen títulos como Lo que esconde el cuatro (XIII premio de novela corta “José Luis Castillo-Puche”, 2006), Oriana y la fieras (IX premio de novela corta “Casino-Ayuntamiento de Lorca”, 2007), Alguien aguarda en el sueño (IV premio de novela corta “Rincón de la Victoria”, 2008), La voz de los extraños (premio “Provincia de Guadalajara de narrativa”, 2010) y Mamá duerme la siesta (XXIII premio “Felipe Trigo” de narración corta, 2012).
   En 2016, la escritora consiguió el premio “Cáceres de Novela Corta” otorgado por un jurado presidido por Juan José Millas a la novela El diablo salió de la niebla que ofrece una original modulación de un motivo clásico, el del hombre que vende su alma al diablo a cambio de que este acceda a concederle un deseo. Martín Abellán es una profesor universitario que compagina la docencia con el estudio de Tirso de Molina (y el fraile mercedario tendrá un peso sustantivo en la trama) vende su alma a cambio del amor de una mujer, Ada, veinte años más joven que él, un pacto que dará paso a una deuda impagable (“Pacto” y “Deuda” son los títulos de los dos bloques de la novela). Reproducimos un fragmento del primer bloque.

   “El hombre se vino directamente a mi banco, a pesar de que, con este tiempo, sin duda todos los demás bancos del parque estarían desocupados. Antes de sentarse, inclinó  la cabeza a modo de saludo. Iba vestido con un traje algo gastado, tal vez negro, tal vez gris oscuro, que no le hacía aparecer especialmente formal ni elegante. Tenía un rostro vulgar; lo podría haber confundido con cualquier hombre de mediana edad, con un vecino, tal vez. Se sentó en el banco en el que yo seguía apoyado, sintiéndome infinitamente viejo, y dijo:
         -Eso está hecho.
   Lo miré sin separar la mano de la astilla que me estaba produciendo una herida.
         -No entiendo –respondí.
   Era mentira. Lo entendía perfectamente. Más bien habría tenido que decir: No me lo creo. O bien: No es posible. El hombre del traje oscuro hizo un gesto, que, no estoy seguro de ello, pretendía ser una sonrisa.        
-Está hecho –repitió. Usted vende su alma, yo se la compro.
   Nos miramos, no sé si largamente. Tenía un rostro vulgar, estaba claro. Podría haber sido cualquiera. Ese detalle fue la causa de un temor que me acompañaría para siempre: en lo sucesivo, vería con frecuencia el rostro del demonio en el de las personas que se cruzaban en mi camino.
-Así que está hecho –repetí yo con voz débil. El hombre me miraba con impaciencia, supongo-. Yo he vendido mi alma y usted me la ha comprado. Eso quiere decir que puedo tenerla. A ella.  
   No me atreví a pronunciar su nombre, ignoro por qué, pero no fue necesario. Ahora la sonrisa de mi interlocutor era más clara.
-Sí, puede tenerla a ella. La va a tener en breve. Que  la disfrute. Yo haré  lo propio con su alma. [pp. 7-8]

martes, 5 de septiembre de 2017

Alcántara


ALCÁNTARA

Cáceres, Diputación Provincial, I. C. El Brocense, nº 85, enero-junio, 2017, 179 págs.

   Fundada por Tomás Martín Gil, José Canal Rosado, Jesús Delgado Valhondo y Fernando Bravo Bravo, la revista cacereña Alcántara continúa su andadura auspiciada por la Institución Cultural El Brocense en su quinta época. La presente entrega contiene estudios de José Pastor Villegas (“Cipriano Montesinos”), Fernando Claros Vicario (“Dos posibles autorretratos de Luis de Morales”), Miguel Ángel Rodríguez Plaza (“Cerámica vidriada sevillana en las calles cacereñas”), Gregorio Tovar (“Historia del agua de Casar de Cáceres”), Juan de la Cruz Gutiérrez (“José Canal, un lujo para Cáceres”), J. L. Rodríguez Plasencia (“Nuevas anotaciones de demosofía extremeña”), José Antonio Ramos Rubio y Vicente Méndez Hernán (“La platería del monasterio de San Miguel y Santa Isabel de Trujillo”) y Salvador Calvo Muñoz (“Diario de Cataluña”). Las páginas de creación van firmadas por Juan Garodri (“El cuento del escritor”), Rosa Perona Timón (Poemas”), Patricia Pérez Gil (“Relato”) y Fernando Cid Lucas (“Andanzas de un cacereño en Fukushima”). El número se cierra con reseñas de Félix Piñero, Salvador Calvo Muñoz y Manuel Pecellín Lancharro.
   Del trabajo de J. L. Rodríguez Plasencia reproducimos dos fragmentos marcados por un anticlericalismo burlón de vieja raigambre popular .

“63.- Fraile que pide por Dios, pide para dos. Aconseja estar alerta y desconfiar de quienes piden para otro, pues generalmente suelen quedarse ellos con parte de lo que recaudan. En Los Santos de Maimona dice lo mismo pero de otra forma: Dad para la Virgen de la estrella: la mitad para mí y la mitad para Ella.
   También encaja este refrán:

A la puerta de un convento
está escrito con carbón:
‘Aquí se pide para nos
y no se le da ni a Dios’”.

71.- Fidel Durán me cuenta que antiguamente en Hinojal los monaguillos iban por las eras pidiendo para las Ánimas del Purgatorio y lo que obtenían se lo quedaba el sacerdote, que era quien los mandaba. Dice Fidel que uno de los obreros que estaba trillando, muy gracioso él, cuando los monaguillos le dijeron: “¡Señor, dice el señor cura que nos dé un poco de trigo para las Ánimas del Purgatorio!”, él respondió: “¡Decidle al cura que las traiga aquí a la era y que coman todo el trigo que quieran!”. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

La luz difícil


LA LUZ DIFÍCIL

Tomás González
Bogotá, Alfaguara, 2011, 132 págs.

   Nacido en Medellín (Colombia) en 1950, Tomás González estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia y residió en Estados Unidos durante casi dos décadas. De regreso a Colombia se dio a conocer con dos novelas, Primero estaba el mar (1983) y Para antes del olvido (1987, ganadora del V premio Plaza y Janés), narraciones a las que siguieron un libro de cuentos, El rey de Honka-Monka (1995) y un poemario, Manglares (1997). Más tarde ha publicado las novelas La historia de Horacio (2000), Los caballitos del diablo (2003), Abraham entre bandidos (2010), La luz difícil (2011), Temporal (2013) y Niebla a mediodía, además de dos nuevas compilaciones de relatos, El lejano amor de los extraños (2013) y El expreso del sol (2016).
   La luz difícil, que he leído en un ejemplar me hecho llegar Antonio María Flórez, narra en primera persona los recuerdos que David, un pintor colombiano, guarda de sus años de Nueva York, ciudad en la que vive con su esposa Sara y sus tres hijos. Jacobo, el mayor, ha sufrido un accidente de tráfico que le ha dejado parapléjico. Cansado de sufrir unos dolores insoportables para los que no halla remedio, el joven decide viajar con su hermano a Portland en donde el suicidio asistido no se castiga penalmente. David y Sara, sus padres, permanecen en Nueva York atentos a los teléfonos. Consideran razonable la decisión de su hijo porque han sido testigos del infierno en que se ha convertido su vida tras el accidente, pero aún conservan una ilusoria esperanza: tal vez en el último momento se arrepienta.
   Reproduzco un fragmento en que los padres de Jacobo, echados en la cama, aguardan en silencio, combatiendo cada uno su angustia, una llamada telefónica.

    “Al avanzar los segundos, la realidad se hacía más intensa. La mano de Sara estaba un poco fría, pero fue entibiándose. Sentí irregularidades en mi corazón, pequeños saltos y murmullos y también golpes que alcanzaban a sacudirme imperceptiblemente el cuerpo. “No me puedo morir ahora”, pensé. “¿Qué sería de ellos?”. Empecé a respirar con más profundidad y regularidad, hasta que el fin murmullos y golpes cesaron. Pero no las llamas. “Tampoco puedo andar brincando a cada rato como loco por la claustrofobia, y menos ahora”, pensé, y logré controlarme. Pensé en el irlandés que pintaba obispos que daban alaridos. El tiempo pasaba muy despacio, casi se devolvía, pero era para triturarnos mejor y mejor lamernos con las llamas. En el apartamento se volvió a instalar el silencio insidioso, a pesar de que Debrah y James hablaban en la cocina y Arturo punteaba en su cuarto; a pesar de que sonaban las botellas quebradas de siempre del Lower East Side y los gritos que llegaban de tiempo en tiempo, como de muy lejos…
         “Hey, you! Fucking bitch!”, gritaban”. [pp. 98-99]

domingo, 20 de agosto de 2017

Los habitados


LOS HABITADOS

Piedad Bonnett
Madrid, Visor, 2017, 56 págs.
XIX Premio de Poesía Generación del 27

   Nacida en Amalfi (Antioquia, Colombia, 1951), Piedad Bonnet es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de los Andes, en la que desde 1981 imparte clases. Como escritora, ha cultivado la poesía, la novela (con títulos como Después de todo, 2001, Para otros es cielo, 2004, Siempre fue invierno, 2007, El prestigio de la belleza, 2010 y Lo que no tiene nombre, 2013, todos ellos publicados por Alfaguara), el teatro (Gato por liebre, Que muerde el aire afuera, Sanseacabó, Se arrienda pieza y Algún día nos iremos, montadas por El Teatro Libre bajo la dirección de Ricardo Camacho) y la crítica literaria.
   Como poeta, ha publicado ocho obras: De círculo y ceniza (Ediciones Uniandes, 1989), Nadie en casa (Simón y Lola Guberech, 1994), El hilo de los días (Norma, 1995), Ese animal triste (Norma, 1996), Todos los amantes son guerreros (Norma 1998), Tretas del débil (Alfaguara, 2004), Las herencias (Visor, 2008) y Explicaciones no pedidas (Visor, 2011). Ahora, la misma editorial madrileña publica Los habitados, un poemario que se propone “dar voz a aquellos que han visto crecer dentro de sí la plata venenosa del desasosiego, del miedo, de la disociación; a los encerrados que a menudo se siente ajenos al mundo pero también a sí mismos, y que sin embargo son capaces también de una lucidez que solo a ellos les pertenece, y que les posibilita ver más allá de lo que otros vemos. Es también un conjunto de poemas que se acerca al duelo con la serena tristeza del que sabe que debe conformarse con las migajas de la memoria, y que la palabra es un instrumento de recuperación que, aunque a veces precario, merece nuestro agradecimiento” [Texto de contraportada]
   Reproducimos uno de los poemas que presenta a un grupo de hombres y mujeres enfrentados a una muerte violenta más.

LOS OFICIOS

Mas alguien debe hacer el resto…
Juan Calzadilla

Instrumental y guantes y antisépticos.
Alguien trae una bolsa con un cierre
y guarda cada prenda con cuidado de madre.

La radio acompañando los oficios.

Quién corta limpiamente, quién salva lo que aún vive.

Impavidez y asepsia,
y nieve en esta sala, nieve sobre los muslos azulosos,
un par de estrellas muertas nadando en un mar turbio.

“la belleza final es cruenta y onerosa”

el que apaga las luces, el que cierra las puertas,
el que echa a andar los hornos,

el que lava en la calle los signos del naufragio.